Coches muy malos 

Un día llenos de ilusión estrenamos coche y todo fue felicidad, desde aspirar ese grato olor a automóvil nuevo de agencia, hasta sentir el sonido del plástico de los asientos. El aspecto reluciente, nos deja embelesados como quien se acerca al artista de sus sueños y es que es una experiencia así, casi irreal. Por suerte, después de darnos unos cuantos alones de cabellos y pellizcos en el brazo, nos damos cuenta que es cierto, tenemos un vehículo propio.

La felicidad va en ascenso una vez que recibimos las llaves y podemos conducir muy orgullosos por doquier. Y es que no se trata de una propiedad más, es la consolidación de un esfuerzo realizado para, finalmente, adquirir un bien tan preciado y, además, muy útil.

Un vehículo representa libertad, comodidad, facilidad, organización, diversión, unión y muchos otros atributos positivos. Eso sí, también demanda una gran responsabilidad, inversión, dedicación y hasta riesgos. Es cuestión de dar el uso adecuado, procurando un cuidado oportuno y respetar las indicaciones para cumplir con la seguridad vial.

Y vivieron felices para siempre…

Hasta ahora todo va como cuento de hada, la cuestión es que a veces ocurre al revés. En las historietas primero ocurre algo malo y después que superan el terror, llega ese final feliz que se mantiene por la eternidad. Con los coches, cambia uno poco esa secuencia de los hechos. Iniciamos con ese estado de felicidad absoluta y con el tiempo se va esfumando.

No hay un solo villano, sino muchos; los llamamos averías. Van apareciendo y se van solucionando. Incluso algunas ni las dejamos surgir, porque gracias a los manuales que aportan los fabricantes podemos actuar de manera preventiva. A otras las detenemos a tiempo, ya que los expertos, durante las revisiones, nos advierten de una eminente falla si no actuamos al momento.

Cada problema se puede ir resolviendo, pero llega una etapa en la cual el desgaste se prolifera por distintas partes del vehículo y el presupuesto que demanda puede ser muy elevado. Esto significa que habría que invertirle una fortuna, aun cuando se opte por repuestos de segunda mano.

Es así, como ese angelical automóvil se convierte en el malo del cuento. Sin embargo, hay una forma de terminar la historia un poco más suave. Consiste en la tasación de coches averiados para desguace. Este tipo de compañías compran vehículos sin importar qué tan dañado estén. El pago suele ser favorable y se encargan del proceso de darle de baja.